jueves, 4 de noviembre de 2010

La calma después de la tempestad

Firma invitada: Santi Zuza *

A Nate McMillan, técnico de Portland, le acompaña la fama de ser un entrenador concienzudo, algo cabezón e inflexible. Su forma de dirigir la franquicia de Oregón ha levantado casi a partes iguales admiración y repulsa. El ex base de los Supersonics conducía entonces la bola con suavidad e inteligencia, capacidades que algunos ponen en entredicho ahora cuando se trata de manejar el vestuario de Portland.

Una de sus víctimas ya fue Sergio Rodríguez, y ahora lo es Rudy Fernández. El escolta mallorquín ha visto como en apenas dos años su sueño de llegar a la NBA ha pasado a convertirse en una pesadilla. “En mi corazón mi deseo es volver a casa, estar cerca de mi familia, de mis padres y de mis amigos”. Con estas palabras se sinceraba hace poco más de un mes el propio Rudy después de un verano tormentoso para él.

El jugador español quiso dejar claro en verano que se quería marchar de Portland y regresar a Europa, quizás al Barça. Pensó que su estrategia, aplicada tantas y tantas veces en el fútbol español, podría ayudarle a conseguir sus objetivos. Pero se equivocó porque en la NBA las cosas no funcionan igual, y la consecuencia es que la franquicia decidió renovar unilateralmente el contrato del escolta.

Ahora Rudy, con la cabeza en Estados Unidos y el corazón en España, deberá afrontar su temporada más complicada. Sus palabras han sacado a la luz pública lo que ya era un secreto a voces, su mala relación con el técnico, pero le han colocado a la vez en una situación muy difícil ante sus propios aficionados, que hasta ahora le habían apoyado siempre.

El de Camp Redó ha demostrado a lo largo de su carrera sus enormes cualidades y capacidad más que de sobra para sobreponerse a situaciones complicadas. La gran diferencia es que quizá siempre se ha sentido arropado y ahora se ve solo en un sitio en el que no le quieren pero tampoco le dejan marchar. Si supera la prueba con éxito saldrá fortalecido como jugador. Veremos entonces a un Rudy mucho más fuerte mentalmente y con aptitudes para convertirse en un líder en su equipo y también en la selección, donde nunca ha necesitado ejercer ese rol a la sombra de Gasol. Si no lo hace, sólo le quedará volver a España y empezar a recomponer su maltrecha autoestima.




En sus horas más bajas, quizá él mismo ha pensado en arrojar la toalla, en que no es válido para jugar en una liga tan exigente y tan dura con aquellos que no consiguen ganarse el favor de su técnico. Quizá entonces lo más fácil sea bajar los brazos y decir adiós, pero quienes hemos visto jugar a Rudy, y comportarse como un caballero dentro y fuera de las canchas, sabemos que tiene calidad para triunfar en la NBA. La calma que siempre llega después de la tempestad quizá le permita serenar los ánimos, ver las cosas con mayor claridad y crecerse.

* Santi Zuza es periodista deportivo. Trabaja en Diario de Navarra y es responsable de los contenidos de baloncesto.

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